2.7.17

El Rey León, el musical | Almu

Entrar en la sala de teatro ya fue una experiencia: hasta los techos impresionaban, pero cuando la representación comenzó, todos mis sentimientos confluyeron a la vez.

Y ahí estaba yo, viviendo algo que había esperado durante años. La voz de Zama Maguduela, la actriz encargada de representar a Rafiki llenaba el lugar, y más tarde comenzaba a fusionarse con el sonido de los tambores, situados a ambos lados del escenario. A partir de ahí, todo fue rodado: la aparición de los animales en escena, las canciones, las actuaciones... ¡Toda una maravilla!

Lo he vivido personalmente y, sinceramente, comprendo qué es lo que ha llevado este musical a lo más alto: se lo merece con todas las de la ley. Durante el espectáculo tuvimos un percance técnico que hizo que bajasen el telón durante diez minutos, pero no fue molesto en absoluto: cuando volvieron a subirlo dando el anuncio de que todo había vuelto a la normalidad, se recibió con un caluroso aplauso.

En cuanto a la parte negativa debo decir que solamente hay dos cosas, una que sí tiene que ver con el espectáculo y otra que no: lo primero que quiero recalcar es la mala educación de algunas personas. Al ser un teatro bastante antiguo, los asientos estaban bastante pegados los unos a los otros, y delante nos tocó a una mujer bastante grande que no paraba de moverse, lo que hacía que su cogote nos tapase una parte del escenario y nos hiciera estar todo el rato moviéndonos en consecuencia para poder ver bien. Es posible que no fuese consciente de ello, pero en la segunda parte de la obra, después del descanso, le pareció buena idea comenzar a comentar todo en voz alta, lo que se convirtió en algo bastante molesto. A su vez, también tuve un percance en los aseos con una mujer que intentaba colarse y fui víctima del olor de un bocata de salmón ahumado que la chica del asiento de atrás trajo para cenar. En serio, no cuesta nada ser educados, ¿qué está pasando para que se pierdan los modales de esta forma?

En cuanto a lo negativo de la representación (y lo único, porque como digo, fue una obra maravillosa en todo lo demás), diría que me sobraron enormemente esos "guiños" a la cultura española, que no pintaban absolutamente nada en una obra de carácter africano. De verdad, no era necesario ponernos a un Timón andaluz que perdía toda la personalidad del personaje en pos de "hacer la gracia", al igual que tampoco era necesario que Zazu cantase a Joselito o "El Chiringuito" o que cambiasen una escena típica del film por una en la que Timón y Pumba arrancan a cantar sevillanas. Lo vería lógico en un teatrillo por aquello de la risas, pero en un musical serio por el que hay que pagar una pasta enorme... pues la verdad es que no me encaja.

En resumen, a pesar de esos dos fallos, es una obra incontestable que recomiendo ir a ver, o mejor: a vivir. Las canciones no tendrán la traducción a la que estamos habituados, pero personalmente, para mí no fue ningún problema y las disfruté igual. Ha sido una experiencia para todos los sentidos.

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